Mientras las damas esperan un gran regalo,

los caballeros se toman un trago… Aunque esté un tanto malo.

La tensión se acrecenta con el amigo secreto,

es mejor no hablar, es mejor quedarse quieto.

Empieza el juego en la oficina y se reparten los presentes,

algunos están contentos con lo que recibieron… Otros, algo disidentes.

Eso siempre pasa con los amigos secretos,

unos obsequios son buenos, otros son bastante escuetos.

Cuando la algarabía pasa sirven el banquete,

se ve delicioso, la comida promete.

Curiosamente nadie se acerca a la mesa,

durante toda la noche queda completamente ilesa.

Eso es porque la gente prefiere brindar y bailar,

quizás hasta haya oportunidad de ligar.

Pero termina la fiesta y quedan vagos recuerdos,

porque pocos se van a sus casas sanos y cuerdos.

Empiezan los días de estar en familia,

porque este es el momento en que todo se concilia.

Empezando por comprar los regalos para cada integrante,

pero como la lista de personas es larga, hasta hace falta un calmante.

Para el tío una caja de herramientas, para la sobrina una muñeca,

para la abuela una pijama, para el sobrino una bicicleta.

Ya la paciencia se agota, todo sea por las fiestas,

pero la locura en las calles y los centros comerciales molesta.

Por fin llega el veinticuatro, los regalos están debajo del pino,

todo el mundo está de estreno y se descorcha la botella de vino.

Llega el primo con su suéter de Rodolfo el reno,

y nadie dice nada, no hay que meterse con outfit ajeno.

Pero siempre un caballero puede arreglar la noche,

regálale una camisa a la medida y cierra con broche.

Una Morton&Bedford será la solución,

Y de tu primo, tú serás su salvación.